Hace unos días os hablé de Salvador Rueda, el director de la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona. Aquí os deja una reflexión suya que merece la pena leer:

La actividad turística y el principio de la Reina Roja

Los criterios que hoy utilizamos para el desarrollo son, casi en exclusiva, económicos, sin tener en cuenta otros criterios básicos para la vida, para el territorio y para el medio ambiente.

Utilizando el artículo de Federico Aguilera, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de La Laguna, titulado “Turismo que es la guerra”, podríamos decir con él que “la lógica con la que se mueve la economía del turismo en general y la de las Islas Canarias en particular, recuerda  la lógica que aplicaban Groucho Marx y Buster Keaton en el Lejano Oeste para mantener en funcionamiento su locomotora en aquella delirante carrera. Así como Groucho decidió ir destrozando los vagones del tren para utilizarlos como combustible en la caldera de la locomotora, aquí se aplica desde hace tiempo la misma lógica con cada isla. La locomotora del crecimiento turístico y de la masificación va destrozando de manera imparable el tren formado por islas-vagones, quemándolo día a día, en esa caldera voraz de la lógica económica y del pseudoprogreso hacia ninguna parte.

La diferencia consiste en que Groucho Marx tenía un objetivo muy claro, que era el de alcanzar al estafador que llevaba la escritura de la mina. Mientras que en las islas, reservas naturales, alguna de ellas como Lanzarote -reserva de la biosfera-, la locomotora se alimenta de esa supuesta reserva, mientras come en beneficio de unos pocos, ignorando todos los costes sociales y ambientales.

Es más, sabemos que estamos deteriorando y agotando la mina de manera totalmente irreversible, aunque este agotamiento se disfraza con la exhibición de unos números, llamados Indicadores de Crecimiento, cuyo objetivo consiste en convencer a la gente de que ignore la realidad que ve y de que tenga fe en esos indicadores, en el sentido de que crea que ve una realidad distinta.

El problema es que esos indicadores son considerados científicos, por el hecho de sugerir que más equivale a mejor, y porque algunos de ellos son expresados en términos monetarios…”

La estrategia para competir, para posicionarse desde cualquier ámbito territorial y económico está basada, desgraciadamente, en el consumo de recursos sin límite. De hecho, la mayor parte del esfuerzo organizativo de nuestra sociedad está dedicado a engrasar la máquina para consumir más suelo (recuérdese la reciente Ley del suelo aprobada por el Gobierno), más materiales, más agua y más energía (en el caso de las islas, fósil) que son los que, como hemos dicho anteriormente, engrosan los indicadores macroeconómicos. La tasa positiva del PIB canario en 1998 fue del 4’58%, la tercera de España, que se ha utilizado y se sigue utilizando para potenciar la industria turística que supone el 42% de la oferta global española, unos 12 millones de turistas al año en Canarias; 729.000 plazas alojativas oficiales en esa fecha, y que aporta el 80 % del PIB de la economía del Archipiélago, con una cifra anual de negocio en torno a 1’6 billones de pesetas en 1999.

A los ingresos por el negocio turístico hay que añadir la ingente cantidad de Fondos europeos que llegan a las islas, además de las aportaciones del Estado y el estímulo de la Reserva de Inversiones de Canarias, la RIC, acumulada por el sector empresarial, aprovechando un incentivo fiscal previsto en el Régimen Económico y Fiscal del Archipiélago, con el objeto de fomentar la inversión a través de exenciones tributarias. Un reserva que acumuló 226.000 millones de pesetas en 1998; un billón de pesetas en la actualidad, con unas previsiones de creación de una bolsa de capital de dos billones de pesetas en diez años. A todo ello debería sumarse la fiebre por blanquear dinero provocada por la implantación de la moneda única el año que viene.

A pesar de ello, los canarios siguen estando entre los ciudadanos españoles con menor renta per cápita. Canarias ocupa el duodécimo lugar. Sorprende también que la tasa de paro en progresión ascendente sea del 13’29 % en julio del 2000: el porcentaje más alto del país.

Por otra parte y tal como plantea el Libro Blanco del Medio Ambiente, confeccionado por la Consejería de Política Territorial del Gobierno de Canarias, “la insostenibilidad del modelo de desarrollo económico es cada vez más visible” y deja constancia de algo que ya nadie duda: “El consumo de recursos naturales y el impacto ambiental, generado por las actividades turísticas, alcanza cotas alarmantes que pueden agravarse significativamente. Asistimos a la más radical transformación del territorio que haya conocido Canarias”.

La conclusión es que se actúa como si los recursos no tuviesen límite, ni tampoco lo tuviesen los contenedores donde van a parar los residuos y la disipación energética. Se actúa como si la “máquina” no tuviera que depender de los recursos ni de los flujos residuales. Es una máquina en movimiento continuo y, además, acelerado. Como dice Margalef (1995), cuando el aumento de entropía contribuye poco a la competencia, porque se cree (de facto) que hay muchos recursos, se manifiesta la estrategia del despilfarro. Este es el principio que L. Van Valen denominó de la Reina Roja, que toma el nombre de un personaje de Alicia en el país de las maravillas, y que declara que se ha de correr todo lo posible para mantenerse en el mismo lugar.

TURISMO Y MEDIO AMBIENTE : ¿LLEGAN A SER AMIGOS?

Movimientos horizontales y movimientos verticales

En la naturaleza, los movimientos predominantes son los verticales, aquellos que asociados a los vegetales suben el agua y los minerales desde la raíz a las partes verdes y bajan los productos elaborados: la savia neta, hasta la última raíz. Este movimiento ascensor es impresionante en la naturaleza, de modo que el transporte vertical es significativamente superior al que va asociado al movimiento horizontal de los animales.

En el caso de la especie humana, este fenómeno está invertido y los movimientos horizontales suponen la mayor parte de los movimientos del hombre en el planeta. El trasiego de personas, materiales y energía es creciente en la medida que lo permiten el uso de energía, la tecnología y la información. Este movimiento es hoy tan grande que nuestra civilización podría considerarse como una fuerza geológica. El movimiento de minerales que extraemos de la tierra y transportamos a cualquier parte del planeta es, anualmente, dos veces y media superior a la totalidad de sedimentos transportados por el conjunto de ríos de la Tierra.

Por otra parte, en los ecosistemas terrestres, los materiales y sus ciclos suelen tener una escala espacial limitada de modo que los procesos de transformación, descomposición y traspaso de unos organismos a otros de los materiales esenciales para la vida, se realizan en áreas relativamente reducidas. En los ecosistemas acuáticos estos procesos quizá tengan una escala mayor entendiendo que el agua juega un papel de disolución y transporte excepcional. En los ríos, los procesos se van alargando por efecto de la gravedad hasta llegar al mar. En el mar, el agua que llega del continente cargada de nutrientes sustenta la vida de más del 90% de la vida marina, la que se da cita en la plataforma continental. En algunos lugares excepcionales, en las áreas de “afloramiento” (banco sahariano, banco chileno, etc.) donde chocan corrientes provenientes del ecuador y el polo, la vida explota en su esplendor por aporte vertical de nutrientes, en especial fósforo, que constituye el factor limitante para la vida en el mar.

El hombre, desde siempre, se ha caracterizado por el transporte horizontal por tierra y por mar, las migraciones, las rutas comerciales, la colonización de territorios han permitido la ocupación del planeta entero y el trasiego de aquí para allá de ingentes cantidades de materiales. Con la revolución industrial y el uso de energía fósil, el transporte ha ido en aumento sin cesar hasta la “mundialización” actual que permite transportar de una punta a otra del planeta hasta los productos perecederos.

En las últimas décadas se ha producido un fenómeno explosivo de movimientos de personas por motivos de ocio que ha multiplicado por miles los viajes entre territorios. España en general, y las Islas Canarias en particular, se han constituido como sendos paraísos de millones de personas en busca, sobre todo, de sol y playa, y también de paisajes.

La explotación de los sistemas

Los sistemas urbanos son los sistemas humanos más complejos. Para mantenerlos organizados o incluso para aumentar su complejidad organizativa es necesario simplificar otros sistemas en cualquier parte del mundo (por efecto de la globalización) Una simplificación que se produce por explotación (en términos ecológicos) de los sistemas.

Esto es así porque todos los sistemas en la naturaleza son sistemas abiertos, es decir, necesitan un aporte dinámico de materiales, energía e información para mantenerse organizados.

Todos los sistemas admiten un determinado grado de explotación, puesto que el sol provee de la energía necesaria para renovar los excedentes extraídos y transportados a otros sistemas. El problema empieza a agravarse cuando la explotación supera la renovación natural, cuando sobreexplotamos el sistema, o también, se suele decir, cuando superamos su capacidad de carga.

La dirección de los materiales, la energía y la información va de los sistemas menos complejos a los sistemas más organizados, de modo similar a como lo hace la corriente eléctrica ante una diferencia de potencial o la energía magnética entre dos polos, etc. Lo importante del transporte de materia y energía se centra en este principio, denominado por K. Matsuno como “principio de Margalef”, es decir, en hacer más complejo el sistema que ya lo es. A veces, el transporte puede ser a la inversa: pueden ser residuos que simplificarán aún más el sistema simplificado.

Una pequeña parte de los excedentes ganados en los países ricos han sido y están siendo utilizados para “colonizar” de manera temporal los territorios especializados en el ocio y en el entretenimiento. Algunos de nuestros territorios soportan u número de turistas, en determinadas épocas, que multiplican por varios cientos o miles al número de personas residentes. El impacto que sobre el territorio produce semejante avalancha supera, en muchas ocasiones, la capacidad de carga del área en cuestión, generando disfunciones profundas, en ocasiones irreversibles (sobre todo las que se refieren a la ocupación urbana del territorio).

A escalas más amplias, supone un añadido del impacto del conjunto de fuentes que impactan a dicha escala, aumentando las incertidumbres que hoy planean sobre nuestras cabezas (por ejemplo, el anunciado cambio climático por causas antropogénicas).

El cortocircuito de la materia y la energía

En la naturaleza, como decíamos, los materiales y la energía se van traspasando en la cadena trófica de unos organismos a otros, quedando circunscritos los ciclos de los materiales a áreas más o menos limitadas.

El uso de los sistemas humanos es distinto puesto que predominan los flujos de materia y energía provenientes de cualquier parte del mundo. Estos flujos son concentrados y medio consumidos en los sistemas urbanos sin que los restos tomen la dirección de vuelta a sus orígenes.

La ingente cantidad de recursos acumulados en las áreas urbanas cortocircuitando los ciclos de los materiales, provocan, a su vez, cantidades equivalentes de residuos sólidos, líquidos y gaseosos. De hecho, la contaminación es un problema esencialmente de transporte.

El aumento explosivo de turistas en el archipiélago canario viene acompañado de ingentes cantidades de recursos materiales y energéticos que se medio consumirán y disiparán con el consiguiente impacto contaminante y simplificador de los ecosistemas insulares.

Salvador Rueda

Director de la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona

Referencia:  RUEDA, Salvador. Turismo y medio ambiente : ¿llegan a ser amigos?. Curso de verano de la Universidad la Laguna. Barcelona : Agencia de Ecología Urbana, 2001.